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Día de la Tierra 2020: una reflexión sobre el planeta durante la pandemia

Las especies animales que han aparecido en ciudades y situaciones inéditas demuestran el delgado equilibrio en la naturaleza y la obligación humana de preservarlo a cualquier costo
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La humanidad atraviesa un momento inédito. Más de dos tercios de la población mundial se encuentra en aislamiento social y han reducido al mínimo sus actividades no esenciales.

No importa si se trata de enormes urbes reconocidas por su importancia turística o ciudades dedicadas a la industria, el confinamiento ha provocado que las calles luzcan casi vacías, lo mismo que muchos poblados rurales. Los viajes de cualquier naturaleza se han detenido y los caminos y vías aéreas, terrestres o marítimas son cada vez menos frecuentados por nuestra especie.

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Entre la ola de problemáticas que trae consigo esta pandemia, el único efecto agradable del aislamiento social es la demostración de que la Tierra es un organismo viviente que exige el mayor cuidado y conservación.

Los avistamientos de animales salvajes en ciudades y pueblos de todo el mundo han sido una constante desde hace algunas semanas en todo el mundo:

En Italia, desgraciadamente uno de los países más golpeados por la pandemia, algunos delfines aparecieron en la costa de Cerdeña, mientras que los canales de Venecia (normalmente abarrotados por turistas, góndolas y vaporettos) lucen de un tono azul claro.

Al margen de las fake news al respecto que daban cuenta de supuestos avistamientos de cisnes y delfines, algunas medusas han sido captadas en las aguas de una limpieza inédita tras la ausencia humana.

Los videos de la fauna recorriendo asentamientos urbanos en España, Portugal, Alemania y otros países europeos se han compartido por millones. Fauna salvaje como cabras, zorros, jabalíes y hasta osos pardos han incursionado a un medio comúnmente hostil para su especie, pero que ha reducido su impacto desde hace algunas semanas.

En Acapulco, una de las playas más concurridas de México, fue captada una ballena mientras nadaba en la bahía libre de humanos y embarcaciones.

Más recientemente, decenas de videos y fotos del mar brillando en un azul fosforescente en medio de la noche causaron revuelo en redes sociales: se trata del efecto bioluminiscente causado por la presencia de bacterias, algas y otros organismos marinos, un fenómeno muy difícil de ver en la bahía de Santa Lucía que no se producía desde 1979.

Otro avistamiento de fauna salvaje ocurrió en el Parque Kruger en Sudáfrica: una manada de trece leones decidió tomar una siesta en medio de un camino pavimentado habitualmente utilizado para turistas en la reserva natural más grande del sur de África.

La fauna salvaje que ha aparecido en los últimos días, además de los índices que arrojan un nivel récord de contaminación en el aire y una baja concentración de gases de efecto invernadero, son un llamado a repensar las actividades económicas humanas y su nocividad en el ambiente.

Desde el fast fashion, pasando por los motores de combustión interna que usan energía fósil y hasta la minería, aunque es difícil realizar un cambio sustancial a partir de la individualidad, lo cierto es que las industrias más contaminantes del mundo dependen en gran medida de nuestros hábitos de consumo.

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En el Día de la Tierra de 2020, justo cuando la humanidad atraviesa una pandemia global y la naturaleza se ha tomado un respiro por algunas semanas de la depredación de la industria y otras actividades económicas que carecen de sustentabilidad –y cuyo único objetivo es conseguir ganancias a corto plazo a cualquier precio–, es más necesario que nunca hacer conciencia y tomar acciones para asegurar la supervivencia de los organismos que componen el delicado equilibrio de la Tierra y con él, el de nuestra especie.

Alejandro López

Alejandro López

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