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10 hábitos para mejorar tu relación con los alimentos

Pon en práctica estos sencillos pasos durante un mes y los beneficios serán para toda la vida.
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Ya sabes que debes nutrir tus células y tejidos con alimentos de buena calidad, evitar toxinas, tomar mucha agua para permanecer bien hidratado, hacer uso adecuado de las calorías, ejercitarte regularmente para mantener alto tu metabolismo y dormir bien. Pero quizá te falte conocer las reglas de oro para que todo lo anterior se consolide en tu estilo de vida saludable, y te sientas aún mejor. Éstas son:

1. Haz 6 comidas al día: 3 en cantidad moderada y 2 ó 3 colaciones

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Procura que sean lo más frescas posible, con frutas y verduras en abundancia, y la cantidad adecuada de proteína de buena calidad. Evitando comer demasiado en una sola comida, porque esto implica un enorme esfuerzo para tu aparato digestivo. Recuerda que los alimentos son el combustible del organismo, sirven para nutrirlo a lo largo del día y mantener un buen nivel de energía.

Un desayuno con fruta, granos y unas cuantas nueces y semillas puede ser una buena forma de empezar la mañana; luego, una fruta o una barra nutritiva a media mañana; una buena ensalada y proteína en la comida; verduras y pasta de garbanzo a media tarde; y un poco de proteína y verduras cocidas para una cena ligera. Además de unas pocas sustancias nutritivas extra, agua y la rutina de ejercicios. Con esto tendrás un plan alimenticio racional a largo plazo.

2. No comas demasiado, poco antes de acostarte

Cuando te vas a la cama con alimentos sin digerir, le das trabajo adicional a tu cuerpo, lo que ocasiona dormir mal y tener una congestión por la mañana. Mejor termina de comer cuando menos 2 ó 3 horas antes de irte a dormir, así despertarás con más energía y mucha hambre para un buen desayuno. Además, tu organismo aprovecha mejor todo cuando comes a la luz del día.

3. Acelera tu metabolismo

Esto depende de muchos factores, y muchos de ellos no tienen que ver siquiera con la comida. Uno es el ejercicio, sobre todo el aeróbico, que quema muchas calorías y aumenta el ritmo del metabolismo y el calor del cuerpo. Otro es el estrés, que al apoderarse de la persona, debido a los problemas cotidianos, debilita al metabolismo.

Uno más es dormir mal y sus consecuencias: el metabolismo se desequilibra y aumenta la fatiga durante el día, lo que hace que se quiera comer más, sobre todo azúcar y cafeína. Afortunadamente existen muchos suplementos alimenticios que contribuyen a un buen metabolismo y a una nutrición básica, como la carnitina, creatina, cromo y la coenzima Q 10.

4. Controla el tamaño de las porciones

Cuando consumes más calorías de las que puedes quemar, sobre todo azúcares y carbohidratos, lo que no usas se almacena en forma de grasa. Así que necesitas limitar la cantidad de azúcares simples que te llevas a la boca. Pues aunque cada célula de tu organismo y cerebro necesita azúcar como una fuente de energía para funcionar adecuadamente, los azúcares no provienen únicamente del azúcar, tu organismo convierte todos los alimentos en este combustible básico, desde aquellos que contienen proteínas y aceites.

De tal forma que es necesario balancear el consumo de proteínas, grasas y carbohidratos. Encuentra el balance con la cantidad adecuada de cada tipo de alimento que funcione para ti. Esta es la clave para controlar tu peso y tener salud a largo plazo.

5. Bebe el tipo correcto de líquidos

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El primero es el agua. Y minerales y electrolitos para permitir que el agua se mueva a través de tu cuerpo y llegue a tus células. Aunque la mayoría los electrolitos provienen de frutas y verduras frescas, la investigación demuestra que el grueso de la gente no toma las 6 ó 7 porciones diarias recomendadas. Así que para obtenerlos (en especial el potasio, sodio y magnesio), se puede recurrir a diferentes electrolitos y polvos con sustancias nutritivas. Y evita el café, ya que por ser diurético, provoca cierta pérdida de agua y electrolitos.

Además de no tomar líquidos abundantes en la comida, pues éstos diluyen los jugos gástricos y favorecen una mala digestión. Lo mejor es ingerir 2 ó 3 vasos de agua a primera hora de la mañana, y 1 ó 2 vasos de 30 a 60 minutos antes de la comida y de la cena, o entre comidas. De esta forma tu cuerpo estará hidratado y comerás menos.

6. Procura comer a la misma hora todos los días y no omitas ninguna comida

Tanto para la dieta como para el ejercicio, al cuerpo le agradan los patrones consistentes. Cuando omites una de las comidas, puedes alarmar a tu cerebro, hipotálamo y hormonas. Si tu cuerpo piensa que se está muriendo de hambre, automáticamente pasa al modo de conservación y se prepara para una temporada de escasez de alimentos, lo que puede debilitar tu metabolismo.

Lo que es muy diferente a hacer una dieta de limpieza o desintoxicación, ya que en este caso todavía estás consumiendo calorías y sustancias nutritivas regularmente. No lo olvides: a tu cuerpo le gusta muy particularmente el desayuno, la comida y la cena, y un par de colaciones entre ellas, para tener energía.

7. Equilibrio entre sueño y estrés

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Es indispensable dormir bien para descansar y recargar al organismo, restaurar el sistema inmunológico y las hormonas, y preparar al cuerpo para otro duro día de actividades. Además, cuando duermes bien, te desintoxicas, sobre todo si no comes ni bebes muchos líquidos por la noche.

Mientras que si no lo haces, quizás necesites algún estímulo adicional para tener más energía y enfrentar las actividades, como la cafeína y al azúcar, con la desventaja adicional de que a la larga éstos debilitan a tu metabolismo y pueden desencadenar un uso continuo de estimulantes. Mejor aprende a relajarte y a manejar el estrés típico. Recuerda: siempre que te molestas y enojas, puedes estar minando la salud de tu sistema inmunológico y enfermarte con más facilidad.

8. Varía tus alimentos

Tu cuerpo puede llegar a reaccionar ante alimentos específicos si los comes día tras días, particularmente cuando estás bajo mucho estrés. Estas reacciones bioquímicas, hormonales e inmunológicas, son ligeramente diferentes a una alergia, a pesar de que tienen síntomas similares, lo que incluye congestión del seno nasal, ronchas en la piel, dolor de cabeza, fatiga, ansiedad e inclusive insomnio, además de posible retención de agua y sensación de inflamación.

Los alimentos que provocan dichas reacciones son los 3 grandes: azúcar, trigo y lácteos, además de la soya, huevos, cacahuates y maíz. Mejor come alimentos distintos, eligiendo de un día para otro diferentes tipos de granos, proteínas y verduras. Siendo lo recomendable 3 ó 4 rotaciones al día, sobre todo para quienes son propensos a tener reacciones ante estos alimentos.

9. Come el tipo adecuado de carbohidratos y almidones

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Reduce al mínimo el consumo de azúcares simples y bebidas azucaradas, lo que incluye demasiado jugo de frutas, azúcar refinada y productos de harina, como panes, pastas y alimentos horneados. Tampoco te excedas con el arroz blanco y las papas. Procura que la cantidad de fibra, carbohidratos y almidones procedan de granos enteros como arroz integral, avena, harina de maíz, trigo sarraceno y mijo. Y legumbres y frijoles, si los toleras, ya que son una buena fuente de proteína y de almidones. Además, los granos y frijoles consumidos juntos se consideran una proteína balanceada. En tanto que las calabacitas se pueden hornear y completar tus alimentos.

10. Piensa delgado

Haz que tu mente y tu cuerpo funcionen en armonía para tu ventaja, y no en contra tuya. Aprende: “Lo que ves es lo que consigues”. Mantén una actitud positiva acerca de tu dieta, cuerpo y estilo de vida, controla bien el estrés y tus horarios de trabajo, aprende a no tomarte las cosas demasiado personales, y adopta la actitud de considerar que “la comida es el combustible de tu organismo”. Come para nutrirte, no para divertirte, o para compensar una necesidad emocional o personal.

Ahora lee: Come y vence la flacidez: aprende a hacerlo y cuidar de tu cuerpo

Redacción American Health&Fitness

Redacción American Health&Fitness

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