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Por qué la pereza puede ayudarte a ser una persona más productiva

¿Y si la pereza hiciera actuar más rápido a tu cerebro?
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Muchas veces se considera que la pereza es sinónimo de improductividad, ya que se entiende como una aversión o indisposición a esforzarse y es causa de que muchas personas se sientan culpables por su comportamiento, sin embargo nunca se habla de los beneficios de esta actitud.

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La pereza o mejor conocida como la ley del mínimo esfuerzo, es un proceso natural evolutivo que las personas obtuvieron desde antes que se descubriera la agricultura y la comida era difícil de encontrar, de esta manera se ahorraba energía y no se tenía la necesidad de comer tanto. En la actualidad también se le puede conocer como sedentarismo.

La productividad de la pereza

“La gente perezosa merece más crédito. Encontramos el camino más eficiente al objetivo, y no vamos a perder el tiempo tomando el camino complicado”, dice Lucy Gransbury, actriz australiana, quien argumenta que la pereza no es tan mala como parece.

La pereza es considerada como un comportamiento negativo, sin embargo este pensamiento puede cambiar como un atributo positivo: en realidad la ley del mínimo esfuerzo ayuda a las personas a priorizar las tareas, ser más eficientes con su energía y encontrar la manera de hacer más rápido un trabajo de una sola vez.

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El mismo Bill Gates lo dijo: él contrataría a una persona perezosa para hacer un trabajo duro, ya que esa persona encontraría la manera más fácil de hacerlo. Y la ciencia lo confirma, un estudio por parte de Masud Husain en la Universidad de Oxford encontró que ser perezoso podría hacer que el cerebro trabaje más.

La ciencia de la pereza

La investigación consistió en poner a prueba a un grupo de personas para poder ver sus niveles de disposición, ya sea motivados, apáticos o punto medio, a través de una prueba que hacía que decidieran si vale la pena el esfuerzo físico por una recompensa en concreto.

La sorpresa no fue que el grupo perezoso fuera menos propenso a esforzarse para obtener la recompensa, sino lo que revelaron los escáneres cerebrales para obtener sus razones:

“Los cerebros de las personas apáticas eran diferentes de los que estaban más motivados, no en términos de estructura, sino en términos del nivel de actividad que mostraban cuando tomaban estas decisiones”, explica Husain, profesor de Neurociencia Cognitiva en Oxford.

Esto significa que los cerebros de las personas apáticas estaban más activos para decidir el camino, que las personas motivadas, es como si les fuera difícil de tomar esa decisión y por lo mismo es un costo más alto para las neuronas para determinar qué acciones concretas tomar.

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Esto se explica ya que la actividad cerebral quema azúcar, el combustible necesario para poder actuar, lo que representa un trabajo más difícil que el realizado por el cerebro de las personas motivadas.

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Sin embargo, la pereza no debe dar pie al sedentarismo, pues esta cuestión puede traer varias enfermedades al cuerpo como la obesidad, diabetes o problemas cardiovasculares, especialmente si se mezcla con una mala dieta, alcoholismo y tabaquismo. Por esa razón hay que buscar actividades físicas que sean de interés para las personas y combatir estos padecimientos.

Salvador Sánchez

Salvador Sánchez

Salvador Sánchez

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